
Cuentos únicos. Javier Marías
Editorial Siruela 1995
Rústica de editorial ilustrada. 22x14 centímetros. 279 páginas. Estado de conservación: nombre del anterior poseedor en página de cortesía; libro con señales normales de uso.
Contiene 19 cuentos de diversos autores recopilados por Javier Marías: A. E. Coppard. Edward Frederick Benson. Frank Norris. Herbert Russell Wakefield. John Collier. John Gawsworth. Kenneth Jay. Lawrence Durrell. Martin Armstrong. Nugent Barker. Oswell Blakeston. R. Edison Page. Richard Hughes. Richard Middleton. Sir Ronald Ross. Sir Shane Leslie. Thomas Burke. Wilfrid Ewart. Winston Churchill
“Es éste, en realidad, un libro bien extraño. No es normal que un escritor español se ocupe de recopilar obras y autores de una literatura ajena. No es normal que el motivo de esa recopilación sea un género tan insólito como lo es la literatura de misterio, y no es normal tampoco que una selección de este tipo muestre, dentro de la insoslayable arbitrariedad, una coherencia tan marcada. Podría, por tanto, afirmarse que estamos ante un libro único, del que esperamos merezca la atención y despierte el interés de los lectores. El esfuerzo de Javier Marías resulta encomiable a priori y produce franca satisfacción una vez que se han terminado de leer los 19 cuentos que forman el volumen.
Fantasmas
La selección que el autor propone se basa en dos criterios irreprochables sobre los que se advierte con agudeza en la introducción. Por una parte, los textos que "sólo acertaron de lleno una vez, y esa única vez les dio para pocas páginas, 25, 10, 5". Una peculiaridad que ya encierra en sí misma todo un misterio. Y el misterio como tensión narrativa es precisamente la otra parte o criterio bajo el que se agrupan los cuentos. Un género que Marías no delimita y en el que engloba "el cuento fantástico, el de horror y el de fantasmas".
Decía Oscar Masotta que un cuento de misterio "sería aquel capaz de transmitirnos la señal menos señal que emite un teléfono: su silencio". Menos señal de todas porque no suena, no se configura alrededor de un ruido que signifique que están llamando, está comunicando, hay línea o suena la llamada en el número que hemos marcado. Continuando con su razonamiento, manifestaba el introductor de Lacan en España que un buen testimonio de la validez de su metáfora podrían ser los enamorados, "los únicos seres que se pasan todo el día oyendo ese teléfono que no suena". El misterio del amor. Y añadía que una vida así llevaba a la locura. Nadie podría vivir si oyera continuamente esa señal. Sería como vivir con la conciencia cotidiana de la muerte. Algo de esto intentó Unamuno y no falta quien lo considera por ese motivo el escritor más histérico de nuestra historia literaria. En la antología de Marías hay precisamente un cuento cuyo título, Suena el teléfono, parece oponerse a lo anterior. Se ha ahorcado, al parecer, a un inocente y el capellán de la cárcel recibe sus llamadas telefónicas desde el más allá reclamando venganza. En este cuento los tres elementos de los que habla Marías -lo fantástico, el horror y los fantasmas- actúan como ingredientes fundamentales y es un buen ejemplo, aunque ecléctico, de las enormes posibilidades que contiene el género. A pesar de todo, de la muestra global de los cuentos se desprende que Marías siente una predilección por el entendimiento de la literatura de misterio como algo ligado al concepto de lo siniestro, es decir, la revelación de lo familiar como lugar posible de lo desconocido.
El tema del doble
Y en esa dirección se mueven los mejores cuentos de la antología, Polly Morgan es el relato más largo de la serie y uno de los más conseguidos. La historia de una encantadora solterona a quien visita el amor a modo de fantasma es una indagación en el deseo que remite a los mejores escritos de Henry James. El tema del doble, tan fundamental en este tipo de literatura, atraviesa las páginas de La canción de Lord Rendall, una historia donde lo cotidiano y lo fantástico logran un encuentro o un desencuentro perfecto, con notas de un talento narrativo muy relevante: "Había caminado detrás de Janet como caminan los maridos por sus casas detrás de sus mujeres".
El fantasma, de Richard Hughes -cuya obra Huracán en Jamaica le roba a este texto la categoría de único-, está montado como un efecto de corte paradójico que ilumina el sentimiento de culpa. La otra cama responde a la característica de cuento de aparecidos -evoca la narrativa de aquel maestro desconocido de las letras gallegas que fue, y es, Anxel Fole- y cuenta con un excelente tratamiento de un personaje secundario, un camarero, que integra un humor pleno de finura.
El hombre hueco se inscribe en una línea de misterio que remite al Bartleby de Melville, y la pequeña pieza de Winston Churchill, si bien no justifica que en 1953 le otorgaran el Premio Nobel de Literatura, si ejemplifica, con dignidad, que el estadista sabía manejar con eficacia la escritura.
Quizá el que más decepcione sea el de John Gawsworth, Como ocurrió, aunque sirve como testimonio del coqueteo del misterio con lo patológico. Digo que decepciona porque este escritor, revelado por Marías en su novela Todas las almas, aparece como eje central de gran parte de este volumen dada su afición al género y su papel de editor de gran parte de ellos. Su texto, sin embargo, no llega a transmitir esa turbia inquietud que uno le exige a esta literatura.
Ironía
Cada cuento viene precedido de unos pequeños apuntes biográficos con los que sucede algo semejante a las acotaciones en el teatro de Valle-Inclán: tienen vida literaria propia. Javier Marías recrea con estas pequeñas notas todo un paisaje literario en el que la ironía lo domina todo, salvo alguna grieta por donde asoma la maldad (literaria). Al parecer, este libro encierra otro misterio añadido. El antólogo podría haberse ocultado detrás de algún autor para ofrecer su propio texto. El que esto escribe no lo ha reconocido, pero los lectores pueden jugar a detectives. Un acierto más.”
Reseña de Constantino Bértolo